Todo
centro es una congregación en torno a un punto; os invitamos en
este entorno al primer conciliábulo, y desde el os requerimos.
Os invitamos a un claro donde todo empieza pero no se llega jamás
al origen, pues su origen es carecer de principio y de finalidad, dirección
y sentido.
Reunimos
maderos de desecho y generamos una forma circular que se alza y apoya
sobre patas en sus puntos de unión. Siguiendo un esquema radial
se reproduce la forma original en el exterior de esta y se repite la operación
de forma mecánica según la pauta y los propios condicionantes
de la madera disponible. La estructura puede crecer indefinidamente, atrapar
o rodear obstáculos, adaptarse a irregularidades, encontrarse con
estructuras afines originadas a partir de otro punto, y cuantas circunstancias
puedan presentarse.
Al
encontrarse, el centro ocupa todo el momento, exige su elevación
y mantenimiento en alto, pero desde ese instante el centro deja de ser
sustentado y pasa a ser lo que sustenta, deja de estar en su medio y se
vuelve periférico, inscribe, se des-localiza, se expande y se pierde
en las afueras. Así en el encuentro se produce una dinámica
expansiva de desencuentro con la procedencia, el centro se reproduce a
sí mismo cada vez más lejos de sí, se solicita cada
vez menos dueño de sí, se copia falseándose en un
requerimiento de autenticidad por la lucha que se desata entre la fuente
única y la abundancia, ya que ahora lo surgido a y al partir, es
lo propiamente original pues son lo propiamente presente, la raíz
se ha vuelto falsa aunque es exigida por la expansión para su actualización.
Reanudaremos
cuando seamos el doble, y acabaremos cuando seamos otros nuevos.
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