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Quizás pusimos un obstáculo infranqueable al exigir acarrear un palee hasta el lugar de la reunión. Quizás nuestras maneras no son lo suficientemente joviales y despreocupadas en estos tiempos como para que la gente elija por un instante de infinita intensidad frente a su infinita monotonía, pero a estos les preguntaremos un día acerca de qué hicieron el día 18 de mayo de 2006, aunque sea en su último suspiro. Nosotros no olvidaremos esa jornada. Todo esto hace que quienes sí acudieron: con su paleé desmontado o de una pieza, en su propio vehículo o enfrentándose a las prohibiciones del transporte público, con o sin destornillador, tengan desde entonces para nosotros un valor heroico ya que este término define a quien por sus actos marca la diferencia con los comunes. |
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Plantear
una propuesta cuyos términos implican siempre un fracaso es sin
duda participar del sentido trágico de la vida. Bien sabemos los
que estuvimos allí que la tierra es plana y que nuestra forma quería
haberse expandido sin límites siempre a un más allá,
la frontera la dibujó nuestro agotamiento físico ya que
nos sobró un tercio de la madera que habíamos reunido y
lo que nos faltó fueron las fuerzas. |
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En
definitiva no podemos menos que hablar de éxito en el fracaso.
Estuvimos un poco más cerca del núcleo y cada vez más
alejados de centro, subimos desniveles y rodeamos obstáculos obviándolos
y sin deseo de superación. Fue toda una prueba de desprendimiento
y falta de causa y sentido. |
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Y recordar que reanudaremos cuando seamos el doble, y acabaremos cuando seamos otros nuevos.
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